Tónico facial, la herencia recuperada de salud y belleza

Cosmética natural

9 Dic, 2020

Retrocedemos hasta 1920. Avanzado ya el verano, todos los pueblos de la mitad oriental peninsular esperan la publicación de un bando municipal que anuncie el permiso para la siega del espliego. La lavanda crece silvestre en nuestro país entre los 600 y los 1.500 metros de altitud, formando grandes esplegares entre sabinas, pinos, robles y carrascas. Solo está ausente de los campos de olivos: no hermanan bien las dos especies vegetales.

Con el permiso municipal obtenido, comienza la última actividad frenética del verano en el agro español. Los segadores hacen gavillas con las espigas de flores azulonas o lilas y las trasladan sobre asnos y mulas hasta la orilla del arroyo o del río, donde se han instalado los mandados de los destiladores de lavanda. España es en ese momento la primera proveedora de lavanda del mundo en el mercado internacional para la elaboración de productos farmacéuticos y cosméticos

Cuando en todos los hogares había tónico facial de lavanda

Estamos en 1920 y en todos los hogares de nuestro rural hay flores de lavanda seca. Sus usos son innumerables y cotidianos. Y en infusión, se aplica a diario sobre la piel para contrarrestar insolaciones, favorecer la cicatrización de erosiones dérmicas producidas por granos y picaduras de insectos o, sencillamente, para refrescar un rostro que ha estado expuesto a la luz solar desde el alba hasta el anochecer. Casero y natural, sin alcoholes añadidos, el tónico facial de lavanda era entonces el gran aliado de la piel de nuestros abuelos, bisabuelos y tatarabuelos.

Y así fue hasta que empezó la gran despoblación rural y la mecanización del campo, la popular actividad recolectora de la lavanda se sustituyó por campos de cultivo, dejó de haber flores secas en las casas y el tónico facial pasó de ser un cosmético básico casero, de uso rutinario y al alcance de todos, a convertirse en un producto de belleza al alcance de muy pocos, vendido ya en farmacias y comercios especializados

La rutina de belleza que recupera la simplicidad de antaño

Ha tenido que pasar un siglo, hasta el actual 2020, para que reconozcamos y empecemos a felicitarnos porque nuestras rutinas diarias de belleza recuperen esa simplicidad de antaño, sin por ello ser menos efectiva. Sencillamente, hemos comprendido que el cuidado de nuestra piel no necesita más artificios que los de antes: limpieza e hidratación.

Si nuestras madres se pasaron a la leche limpiadora y al tónico de farmacia hace unas pocas décadas fue solo consecuencia de unos profundos cambios en el estilo de vida que, a su vez, permitieron el desarrollo de un mercado cosmético cada vez más complejo, en que primero dominaron los alcoholes y más tarde, las materias primas derivadas del petróleo. Durante muchas décadas, el progreso y la modernidad en belleza fue dar la espalda a lo natural

Pero la piel de nuestro rostro no es hoy más delicada que la de nuestros abuelos, bisabuelos y tatarabuelos. Si acaso, sí más sensible, a fuerza de someterla, en el deseo de cuidarla, a demasiados productos activos y fórmulas muy agresivas que han ido rompiendo su equilibrio, al tiempo que dañándola.

El tónico facial, imprescindible para una limpieza completa

No es bueno para nuestra piel alargar las fases de limpieza con muchos productos. Tiende a desestabilizar su pH y sensibilizarse. Y, de ahí, la cada vez más frecuente aparición de irritaciones y alergias.

Bastan dos sencillos pasos, previos a la hidratación: limpieza y tonificación. Y para tonificar, el tónico facial es el básico y único imprescindible. De hecho, el tónico facial natural, con principios activos vegetales, sin alcoholes ni glicerinas, nunca debió perder su lugar en nuestras rutinas diarias de cuidado. La dermoestética ha tenido que rendirse a esta evidencia, poniendo de relieve, una vez más, el error que en ocasiones supone distanciar nuevos saberes “expertos” de viejos saberes ancestrales.

Tan importante como primero barrer y luego, fregar; tan básico como poner una capa de imprimación antes de pintar una pared… El tónico facial complementa y completa el proceso de limpieza: restablece el pH de la piel, sella los poros, reduce irritaciones y enrojecimientos, revitaliza y calma. En definitiva y, como hace un siglo, sana.

Hidratante, calmante, astringente y revitalizante, nuestro Tónico Facial Refrescante y Regulador de UANA Cosmética es idóneo para todo tipo de pieles, especialmente las más sensibles, gracias a su alto contenido en hidrolato de lavanda, té verde y jenjibre. Las propiedades del hidrolato de lavanda ecológico, de las que ya hemos hablado en un post anterior de este blog, son auténticamente terapéuticas en todo tipo de pieles. Protegen y enriquecen la piel de tu rostro, pero además… Te reconcilian con la vida. Una vida, que si bien durísima, hace un siglo era muchísimo más respetuosa y sabia con respecto a lo que la Naturaleza ofrece: ¡¡¡salud y belleza natural!!!

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